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En Navidad, Arcinazzo Romano se transforma. Durante tres días, las calles del centro histórico se convierten en un escenario viviente: bodegas que se reabren, talleres que vuelven a respirar, faroles que iluminan los callejones.
El Belén Viviente no es solo una representación de la Natividad: es un viaje en el tiempo.
Los habitantes del pueblo se disfrazan de artesanos, campesinos, pastores, viajeros. Cada uno interpreta un pedazo de historia, un fragmento de vida antigua. Caminando entre las escenas, te parece formar parte de un relato que atraviesa generaciones.
Y lo más bonito es que todo esto cobra vida gracias a la comunidad. Es su fiesta, su energía, su memoria compartida.