Rita es energía pura. A las cinco de la mañana ya está en su huerto y luego continúa el día con una vitalidad que sorprende a cualquiera. Su casa siempre está abierta: no se preocupa lo más mínimo por la idea de tener que cocinar para decenas o cientos de personas. En su mesa siempre hay sitio, siempre calor, siempre historia. Es la personificación de la convivialidad de Arcinazzo Romano.









